LA CASA DE PACA - La Virgen del Carmen y el Arbol de Magnolia
DEDICATORIA
Con inmenso amor y eterno agradecimiento a quien veló mis primeros pasos, mi mamita Inés, viva existencia de esta historia y a mis adorados hijos Reggi y Macarena latentes prolongación de la misma.
PRESENTACIÓN
Con inmenso amor y eterno agradecimiento a quien veló mis primeros pasos, mi mamita Inés, viva existencia de esta historia y a mis adorados hijos Reggi y Macarena latentes prolongación de la misma.
PRESENTACIÓN
La presente obra narra la historia de Cipriano López y Margarita Yllanes,
la numerosa y unida familia que formaron, los motivos por los cuales levantaron
una casa fuera de su natal Jauja, es decir la casa de Paca, las tradiciones, costumbres,
aquel fervor católico que inculcaron y legaron a todos sus descendientes. Cuenta
también sobre los hechos que los llevaron a celebrar en el mes de julio de cada
año la fiesta en honor a la Santísima Virgen del Carmen y de las circunstancias
en que llegó y se plantó el árbol de magnolia en el patio empedrado de la casa.
Nos habla además de la eterna seducción que siente el ser humano por la
tranquilidad, la paz y el sosiego que solo los lugares alejados del bullicio de
la ciudad te pueden dar, del perenne enamoramiento del hombre con la
naturaleza, justamente de este contacto tan cercano del abuelo Cipriano con las
flores, el agua, el campo, el trino alegre de las aves y quizás las tristes
lloviznas de abril dieron vida a esta historia tan febril.
No hubiera sido posible realizar esta modesta publicación sin el vital
hallazgo del libro de anotaciones, una especie de diario muy detallado en
cuanto a lugares y fechas del abuelo Cipriano y obviamente sin el valiosísimo aporte
de Inesita y Shinita, quienes en el fulgor de soleadas mañanas o por las tardes
al caer el sol me contaron en amenas y extensas conversaciones algunos pasajes
que nutrieron esta bella historia familiar.
LA CASA DE PACA - La Virgen del Carmen y el Árbol de Magnolia
La mañana del 16 de
julio de 1895 Cipriano López, el último de cinco hermanos se despertó decidido
a conseguir de una vez por todas la aceptación de Margarita Yllanes, la penúltima
también de cinco hermanos. Cipriano había intentado en varias oportunidades
conquistar el corazón de Margarita, hacía todo cuanto podía, incluso en esas
calladas noches estrelladas y de luna llena llegó hasta su casa para romper ese
silencio con hermosas canciones y serenatas románticas a punto de canciones de
su mejor repertorio. Ahí está
“Despedida“ o “Ay Triste Suspiro” como su muliza bandera y la más
emblemática cuyas letras muestran claramente el amor que sentía por Margarita.
Todos esos intentos
tuvieron un feliz desenlace aquella mañana, cuando bajo el manto celeste,
hermoso e incomparable cielo jaujino, Margarita lo aceptaba oficialmente como
su novio, dando inicio a una historia familiar llena de amor, costumbres,
fervor católico, magnolias, mulizas y miles de recuerdos y añoranzas.
Costumbres y tradiciones que hasta estos días se encuentran muy arraigados
entre todos sus descendientes.
Margarita y Cipriano
aún no contraían matrimonio cuando llegó al mundo su primera hija un 29 de
junio de 1897 a quien llamaron Paulina, cuyo lapso de vida fue demasiado corto
ya que fallecería al mes y dieciséis días de haber nacido. Al cuerpecito inerte
le dieron cristiana sepultura su madre Margarita y algunos familiares ya que
por esos días Cipriano se encontraba en Tarma trabajando con uno de sus
hermanos mayores, Juan Pablo, quien era Escribano de Estado en dicha ciudad. El
pequeño cadáver de Paulina fue enterrado al pie del campanario de la Capilla de
la Hacienda Yanamarca en el distrito de Acolla.
En la primavera de ese
mismo año Cipriano tuvo que adelantar su regreso a Jauja, aquella noche de
setiembre fue en busca de su amada Margarita quien se encontraba en casa de su
comadre Rufina en Paca, ahí tuvieron una breve conversación y tomaron algunos acuerdos
previos a su partida, luego de algunos minutos y un café caliente, ambos
emprendieron el camino hacia Jauja.
La confusión y la
angustia invadían los corazones de los jóvenes enamorados, pues los padres de
Cipriano no estaban totalmente de acuerdo con aquella relación ya que
antiguamente el matrimonio, las cuestiones formales y sobre todo el respeto por
los sacramentos eran primordiales por encima de todo. Fue por eso que esa noche
la pasaron en la casa de un buen amigo de Cipriano, aún rondaban las dudas y
temores, pero sabían que eso tenían que enfrentarlo, resolverlo y no deberían
tardar mucho en hacerlo.
Y así fue, después de
tantas peticiones y súplicas por fin los padres de Cipriano López decidieron
aceptar y apoyar la relación del último de sus hijos con Margarita, pero con la
única condición de que formalizaran lo antes posible aquel amor que se
profesaban, esto en pocas palabras no era más que el matrimonio. Transcurrieron
dos meses en que la feliz pareja vivió en casa de los padres de Cipriano
mientras coordinaban y hacían todos los preparativos para el día de la boda que
tampoco tardaría en llegar.
Hasta que por fin, la
resolución y constancia vino a coronar sus deseos y el cielo quiso que el 27 de
noviembre de ese mismo año de 1897 reciban la bendición nupcial a manos del
Presbítero de aquel entonces, Gerónimo Salgado. Estos actos se realizaron en la
Iglesia Matriz de Jauja y frente al altar de la patrona de nuestra ciudad,
la Virgen del Rosario o simplemente
Mamanchic del Rosario.
La familia López
Yllanes no tardó mucho en traer al mundo a una nueva hija, pero esta vez ya
dentro del matrimonio quien nacería casi en vísperas de la navidad del año
1898, fue en la fría tarde del 23 de diciembre y le pusieron por nombre Delfina
Victoria (Delfi), quien sería la hermana mayor entre todos los que vivieron y a
la vez sería quien años más adelante plantaría en la casa de Paca lo que hasta
ahora es el símbolo de la familia: La Magnolia. Tres años más tarde, el 16 de
mayo de 1901 nació Juan Rodrigo (Rodri).
Era el invierno de 1902
cuando Cipriano partió de Jauja hacia la Villa de Paca, se le llamaba así antes
de tener la resolución como distrito de Jauja, cinco años después de haberse
casado con Margarita, pues había conseguido el puesto de profesor en la Escuela
de aquel lugar. Algunos años antes
había ejercido esa misma profesión en el pueblo de Yauli, pero por encontrarse
mal de disentería tuvo que volver a Jauja
y ahora llegaba a Paca con las maletas llenas de ilusiones y con muchos
deseos de forjarse un futuro promisorio, a la vez también con bastantes
responsabilidades por su creciente familia.
La Villa de Paca que
significa “lugar escondido”, ubicada
a 6 Km. de Jauja era una zona de pocas familias por lo general quechua
hablantes, gente humilde, trabajadora y en su mayoría dedicada a la agricultura
y ganadería, que eran las actividades principales de sobrevivencia ya que el
comercio era mínimo.
Cipriano o Taita Chipi
como lo llamaron en Paca, tenía muchísimas virtudes como ser humano muy al margen
de su capacidad académica, fueron justamente dichas virtudes las que hicieron
que sea rápidamente aceptado y querido
dentro de la comunidad ya que los pobladores en muy poco tiempo lo consideraron
el personaje más trascendente e importante que había llegado por esos lares en
los últimos años. La gente le tenía mucho
respeto, consideración y cariño, pues trataba a todos con mucha bondad y
desbordaba en él una inmensa vocación de servicio que no solo la puso a
disposición de sus alumnos sino de la comunidad en su totalidad. Esto le valió
considerablemente para que unos años después fuera nombrado Juez de Paz en Paca
y posteriormente en la Provincia de Jauja, su tierra natal donde también ocupó
el puesto de Gobernador.
Los días transcurrían
felices para Cipriano y Margarita entre Jauja y Paca, entre el trabajo y la
familia, entre el trino alegre de los pájaros y las tristes lloviznas de abril,
entre el olor a campo, tierra, flores y la nostalgia de las noches quietas,
frías, inmóviles. Nada agitaba la tranquilidad absoluta de su gente, la quietud
abrumadora del viento ni la soledad inverosímil de sus calles, así era la vida
en aquel pueblo de Paca. Esa tranquilidad, ese
silencio mayúsculo se rompía cuando durante los primeros días del mes de enero
de cada año irrumpían en la plazuela del pueblo dos melodiosas orquestas de
músicos anunciando que había llegado la fiesta de la Adoración al Niño Jesús o
también conocido como La Huaylijía. Estas dos orquestas eran de los únicos dos
barrios existentes por esos años, barrios Puquio y Anta, ahora con el paso del
tiempo han aumentado los barrios que componen al distrito de Paca. Aquella
fiesta duraba cinco días aproximadamente.
Otra de las fechas que
causaba jolgorio entre los habitantes de Paca eran los meses de febrero o
marzo, dependiendo del calendario litúrgico, donde al son de las bandas de
músicos la gente bailaba y gozaba festejando la llegada de los carnavales, los
famosos jueves de compadres y comadres donde también se realizaba la llamada
Labranza de la Cera del Señor. Esta cera se prendía y
en la actualidad se sigue encendiendo al Señor Animas de Paca o también llamado
Taita Paca durante todo el año sobre una especie de circunferencia muy pesada
que se encuentra dentro de la Capilla, ubicada justamente frente a la imagen de
Taita Paca.
En ambas fiestas
costumbristas Margarita, Cipriano y posteriormente sus hijos se limitaban mucho
en acudir a dichas celebraciones. Solo iban en algunas ocasiones a la primera
misa que se realizaba en la Capilla que era por lo general a las cinco de la
mañana y luego observaban a lo lejos como el pueblo en su totalidad bailaba, se
divertía y emborrachaban hasta el amanecer.
Pasadas estas fiestas
el silencio, la soledad y el sosiego volvían a reinar en el pueblo, la gente
otra vez se dedicaba a sus actividades cotidianas, sus chacras, sus animales y
sus esporádicos viajes a la selva para traer y vender fruta. El escaso comercio
había incidido a que Margarita tomara la decisión de abrir una tienda de
abarrotes en uno de los dos ambientes que la comunidad le había brindado a
Cipriano por ser el profesor del pueblo para que pueda permanecer durante los
días de clases ya que los fines de semana ambos volvían a su casa de Jauja con
sus hijos que poco a poco irían aumentando.
Justamente es
importante mencionar que Cipriano y Margarita fue una pareja muy fecunda y
muestra de aquello son los once hijos que tuvieron en su matrimonio, claro está
que tres de ellos fallecieron antes de cumplir ni siquiera su primer añito. Así
tenemos por ejemplo al cuarto hijo Juan Gerardo que nació la noche del 24 de
junio de 1903 y que fallecería poco antes de cumplir un año. Posteriormente el
6 de abril de 1905 nació Julia Guillermina (Julita) y dos años más tarde, en la
madrugada del día de Santa Rosa de Lima, 30 de agosto de 1907 llegaría Moisés
Américo (Moche).
A vísperas de recibir
una nueva primavera, el 19 de setiembre de 1909 nació Obdulio quien también
falleció a los pocos meses de haber nacido. Pero aquel dolor generado por esa
nueva pérdida fue calmado con el arribo de una bebé que llegó al mundo dos días
antes de la navidad, fue en la noche del 23 de diciembre de 1910 a quien
llamaron Abilia Victoria (Abi), como sabemos, coincidentemente la segunda hija
de la familia López Yllanes - Delfi - también había nacido en esa misma fecha
algunos años atrás.
Y podría parecer esto
una simple coincidencia o es que el abuelo Cipriano planificaba muy bien en que
épocas y meses del año quería que nazcan sus hijos. Porque o bien era para
diciembre en los días previos a la noche buena o bien para la llegada de la
primavera en el mes de setiembre. Tal es así que el 22 de setiembre de 1913
nacería Zenaida Victoria (Shinita) quien actualmente se encuentra aún con vida.
La penúltima de las hijas llegaría en el día del maestro, un 6 de julio de 1916
a quien llamaron Luzmila Victoria (Luchita). Finalmente la última de todos los
hijos e hijas de este feliz matrimonio nació el 27 de enero de 1919 a los pocos
días de haber finalizado las fiestas de la tunantada de ese año y a quien
pusieron el nombre de María Inés (Inesita), quien también aún está entre
nosotros alegrando nuestros días.
El tiempo pasaba, los
años transcurrían y mientras estos nacimientos se daban uno tras otro se
suscitaron dos hechos de suma importancia que marcaron un hito en la historia y
la tradición de la familia López Yllanes, una de ellas fueron las tradiciones
llenas de devoción religiosa que fundaron e inculcaron a sus hijos y familiares
más cercanos tanto a San José cada 19 de marzo como a la Virgen del Carmen
todos los 16 de julio, estas celebraciones siguen llevándose a cabo en los
mismos meses en la capilla de Paca con la presencia de sus descendientes
directos y algunas amistades. El segundo hecho
trascendental y que definitivamente marcó un aspecto histórico en la familia
fue cuando Delfina, la mayor de las hermanas, al regresar de un largo viaje por
Cerro de Pasco y Tarma plantó en el patio empedrado de la casa el árbol de
Magnolia. Este arbolito fue un obsequio del tío José Yllanes quien radicaba
hacía muchos años en la ciudad de Tarma. Pero detallaremos y ahondaremos un
poco más sobre estos dos importantes acontecimientos.
El primero fue
aproximadamente en el año de 1904 cuando en el pueblo se decidió construir la
capilla que es la que actualmente conocemos. Pero había ahí mismo un pequeño
espacio con algunas imágenes por lo que sería vital que la gente y los vecinos
se llevaran a sus casas las imágenes de los santos y demás enceres que se
encontraban dentro para así evitar su deterioro o algún accidente que podría
suceder. Lamentablemente el
supuesto cuidado que deberían tener con las imágenes no se dio como se pensaba
y un tal “Demico” quien había llevado
la mayoría de las cosas a su casa las tenía en pésimo estado de conservación, las
imágenes sobre todo, se encontraban totalmente descuidadas, en especial la
imagen de la Virgen del Carmen no se le podía ni reconocer.
La gente del pueblo
enterada de esta situación inmediatamente acudió a Taita Chipi para contarle lo
que estaba sucediendo para que en su calidad de profesor del lugar tomara
cartas en al asunto. El fervor católico estaba muy arraigado en los pobladores
de Paca y esta situación realmente los había incomodado muchísimo. Fue así que
Cipriano decidió acudir a la iglesia de Jauja donde se encontraba como Vicario
en esa época José de Maraví y lo puso al tanto de estos acontecimientos que
aquejaba al pueblo. El Vicario tomó
acciones en seguida y acordó con Cipriano que en una fecha dada iría
personalmente para poder observar in situ
lo que estaba pasando. Y así fue, una fresca mañana llegó a Paca el Vicario
don José de Maraví y luego de reunirse con Cipriano acudieron juntos a la casa
del tal Demico comprobando que en realidad las imágenes de los diferentes
santos que se encontraban a su cargo padecían de un pleno descuido, muchas de
ellas estaban malogradas, apolilladas, es decir completamente mal.
Entonces el Vicario
junto a Cipriano y otros pobladores quienes se encontraban presentes en ese
momento, tomaron la decisión de nombrar nuevos despenseros para que se
encarguen en primer lugar del arreglo y posteriormente del cuidado de las
imágenes hasta que la capilla esté concluida. Pero el Vicario José de
Maraví quiso que toda la gente siguiera un buen ejemplo, entonces le pidió a
Cipriano López que en ese preciso instante pueda elegir una o dos imágenes de
las cuales podría hacerse cargo. Margarita que acompañaba a Cipriano le sugirió
para que ellos puedan encargarse de las imágenes de San José y de la Virgen del
Carmen, ambas en ese momento estaban casi irreconocibles, en un estado muy malo
y realmente les dio mucha pena el descuido del que habían sido víctimas.
Cuando Cipriano y
Margarita a los pocos días de lo sucedido mandaron arreglar dichas imágenes,
pero sobre todo el de la Virgen del Carmen jamás imaginaron algo totalmente
maravilloso que estaban a punto de descubrir. Y fue que cuando ya la imagen
estuvo totalmente restaurada, retocada y lista para instalarse en la casa de
Dios, Cipriano le preguntó al Vicario José de Maraví:
- ¿Y ahora cuándo será el día de la
Virgen del Carmen, en qué fecha le podríamos dar su misa?
A lo que el Vicario
respondió:
- El día de la Virgen del Carmen es el
16 de julio de cada año, pues en esa fecha se recuerda la aparición de nuestra
madre en el Monte Carmelo, por eso también su nombre.
Cipriano esbozó una
ligera sonrisa en ese momento, pero a los pocos segundos su corazón estalló de
inmensa felicidad pues al volver los ojos en el tiempo, recordó también con
algo de nostalgia que justamente en aquella fecha - 16 de julio allá por 1895 -
una soleada y linda mañana, bajo el precioso cielo jaujino Margarita lo había
aceptado formalmente como novio, definitivamente…que bendita fecha!
Pensó en que ingrato es
el paso de los años, en que cerca y a la vez que lejos estaba aquel día, en que
injusto quizás fue él por no recordar siempre esa mañana, pero sobre todo pensó
en que justa era ahora la vida por haberle regalado esa fecha, para que a
partir de entonces sea imborrable, mágica y eterna. Ese 16 de julio es
ahora una fecha que nadie de sus descendientes la podemos olvidar, ese 16 de
julio fue la fiesta que sus hijos supieron aprender y también inculcar, ese 16
de julio es el día que sus nietos supieron conservar y engrandecer, ese 16 de
julio es también ahora la fecha en que nosotros los bisnietos la mantenemos y
disfrutamos y será ese 16 de julio la fecha en que mi hijo, su tataranieto, con
sus hijos y los hijos de sus hijos seguirán viniendo año tras año con sus
familias para ponerse de rodillas a los pies de nuestra madre la Virgen del
Carmen y será ella quien con su inmensa ternura y eterna sonrisa los recibirá
cuando nosotros ya no estemos.
Los primeros años de
esta celebración a la Virgen del Carmen fue más sencilla, había una misa que
era lo más importante, luego se realizaba la procesión alrededor del pampón que
era como una especie de plaza en esas veces y posteriormente había un almuerzo
previamente preparado por Margarita, ayudada obviamente por algunas comadres y
empleadas del hogar, el almuerzo se servía para la familia, algunas selectas
amistades que Cipriano invitaba y a los músicos. Justamente en los días
previos al día de la fiesta, Cipriano se encargaba personalmente de contratar a
los músicos. Aquellas veces dichos contratos se realizaban con la entrega de
aguardiente a los músicos por parte del interesado y ellos a cambio de tener
licor y comida garantizada para ese día aceptaban tocar para la ocasión, la
mayoría de músicos en los primeros años eran casi todos de mismo Paca.
Los años han pasado, el
mundo ha evolucionado y nuestra fiesta no podía ser la excepción, ahora dura
dos días y ya no es necesariamente en la fecha inicial porque suele caer en
días laborables y la mayoría de la familia se encuentra fuera de Jauja.
Entonces el día varía y se realiza el sábado más cercano al 16 de julio para
que todos los familiares puedan estar presentes.
El viernes previo se le
cambia de ropa a la virgen, se reza el rosario con los familiares que hayan
llegado y más tarde al asomarse la luna se inician las vísperas, quema de
castillón y toritos, degustación del famoso y riquísimo calientito de chicha de
jora preparado por Inesita, bailes al son de mulizas y huaynos, todo esto
amenizado por una banda de músicos, posteriormente hay una ligera cena donde en
medio del frío mismo de la noche y la nostalgia perenne de la casa se
reencuentran hermanos, primos, sobrinos y tíos, se confunden los abrazos,
entonces por un breve instante nuestro árbol de magnolia esboza una tenue
sonrisa y la alegría reina sobre el pardo tejado de la vieja casa.
El día central sigue
teniendo la misa como lo más importante de la fiesta, luego la procesión por el
perímetro de la plaza, ahora se estila hacer un alto con la imagen al frente de
la casa donde Shinita con sus entrecortadas palabras nos conmueve y hace rodar
más de una lágrima por nuestros rostros y todos pedimos que aún la santísima
Virgen del Carmen la mantenga con nosotros.
Hace aproximadamente 60
años se instauró el cortamonte familiar que se realiza después del almuerzo. El
primero se hizo a espaldas de la casa, fue un árbol que estaba estorbando en el
mismo medio de la chacra, luego se traía cargando en hombros un árbol del cerco
y se plantaba en la plazuela frente a la casa. Hoy en día se mantiene esta
tradición y se realiza en el cerco al lado del río. Esto solo se suspende
cuando estamos de duelo como este año por la partida de la tía Paulina.
Como vemos la fiesta ha
evolucionado, ha crecido, la casa ha sido remodelada, ahora ya no vienen solo
familiares sino diferentes amigos que incluso ya son varios años que acompañan
a la familia en estas fiestas. Han cambiado muchas cosas y posiblemente
seguirán cambiando muchas más, pero lo que quedará grabado en todos nuestros
corazones es la devoción a la Virgen, la alegría y melancolía por los
reencuentros y nuevas despedidas y algo que jamás cambiará es aquello que nos
heredó mágicamente el abuelo Chipi, el amor inconmensurable a la familia, eso
será infinito, perdurará por siempre.
El segundo
acontecimiento importante sobre la historia y tradición de la familia fue
protagonizado por Delfina, la hermana mayor quien tras regresar de un largo y
cansado viaje por Cerro de Pasco y Tarma plantó aquel árbol de magnolia que
hasta estos días se mantiene en pie ahí donde decidió la tía Delfi, como fiel
testigo de esta historia, como muda observadora de las palomilladas de quienes
ahora peinan canas y del esfuerzo de papa Chipi y mama Maca por sacar adelante
a su familia.
En el año de 1916 la
tía Delfi estrenaba sus 18 años y tomó la decisión de seguir los pasos de
Cipriano, la docencia. En aquellos años para poder lograr ese cometido se tenía
que ir a dar los exámenes respectivos hasta Cerro de Pasco. Cipriano había
aceptado apoyar la vocación de su hija así que ordenó a Rodrigo acompañar a su
hermana en tan largo viaje. Los resultados fueron
más que positivos, al emprender el retorno hacia Jauja decidieron pasar antes
por Tarma a visitar a su tío José Yllanes, hermano menor de Margarita, quien
radicaba hacía muchos años en esa ciudad. La visita duró muy poco pero la
noticia que dio Delfi sobre sus exámenes alegró mucho al tío José, fue así que
decidió premiarla regalándole una pequeña plantita de magnolia, posiblemente
aquel fue el mejor regalo que pudo haber recibido y a la vez es el mejor regalo
que ella nos ha dejado.
El agradecimiento no se
hizo esperar, tampoco la despedida, pues tenían que regresar de prisa a Jauja
donde Cipriano y Margarita estarían esperando impacientes los resultados de los
exámenes. Entonces Delfi y Rodri no demoraron el regreso a su tierra
acompañados del frío abrumador propio del camino por Lomo Largo, de alguna
ligera y triste llovizna que suele caer en esos viajes montados a caballo, pero
por sobre todo tenían ahora la preciada compañía del arbolito de magnolia.
Al llegar a Jauja Delfi
comunicó primeramente a sus padres el éxito de las pruebas que rindió, pero
había algo que le quitaba aún el sueño pues no veía las horas de plantar aquel
preciado obsequio de su tío José, el problema era donde. Luego de algunas dudas
y pensar cuál sería el mejor lugar para plantarlo, por fin decidió que sea en
el patio empedrado de la casa de Paca, ahí mismo donde podemos apreciarlo hoy
en día, ahí mismo desde donde en otoño deja caer sus hojas para alfombrar el
patio, ahí mismo donde esperamos se quede muchos años más.
Han pasado casi cien
años desde aquella fecha en que Delfi plantó la magnolia y ahora a punto de
cumplir su primer centenario de vida sigue embelleciendo el patio de la casa,
sigue regalándonos ese espectacular perfume, ese inconfundible aroma cada vez
que se abre uno de sus albos botones y sigue estando presente en cada
celebración eucarística como símbolo de la familia López Yllanes. Puede parecer que la
magnolia con sus 96 años ha envejecido, como envejeció Cipriano y Margarita,
como envejeció el tío Rodri y Moche, como envejecieron Abi con Vitucho Pérez,
la tía Julita, Luchita con su inseparable “bombo” Aurelio Nuñez, los tíos Alejo
López y Oswaldo Abanto, todos ellos que ya no están con nosotros y como
lamentablemente envejecieron también Inesita y Shinita pero a quienes por
fortuna y gracias a Dios las tenemos aún con vida.
Pareciera estar viejo
nuestro árbol pero no, han pasado tantos años y sigue firme soportando el
hielo, las lluvias y granizos de los inviernos, el sofocante sol, el abrumador
calor de los veranos, floreciendo y regalándonos esos hermosos capullos al
llegar la primavera y dejando caer lentamente sus amarillentas hojas cuando
llega el otoño. Los intentos por hacer florecer un retoño de la magnolia han
sido muchos pero todos sin éxito, solo hay uno que floreció y está en el patio
de la casa de la última hija de Cipriano, de Inesita en Jauja.
Como vemos estos han
sido los dos hechos trascendentales en la historia, tradiciones y costumbres de
la familia López Yllanes, pero el papá de Margarita, don Pedro José Yllanes
muchos años antes de todo eso había sido el primer profesor en Paca y durante
su permanencia en el pueblo junto a su esposa Liberata Peña adquirieron
extensos terrenos en diferentes zonas aledañas, parte de ellos años después
fueron heredados por Margarita, uno de ellos es el cerco ubicado a orillas del río donde hasta la fecha se
realiza el cortamonte familiar en la fiesta de la Virgen del Carmen.
La pasividad con que transcurría
la vida, el cautivante verdor de los campos, ese suave aroma a eucalipto que se
respira y aquel contacto más puro y directo con la tierra, el agua, las flores,
fueron suficiente motivo para que Cipriano empezara a sentir un profundo cariño
por el pueblo de Paca. Hay que agregar a todo esto lo mencionado antes, las
herencias de Margarita justamente en el mismo lugar donde se encontraban
viviendo en ese tiempo.
Todas estas
circunstancias hicieron que Cipriano tomara la decisión de comprar el par de
ambientes que la comunidad le había proporcionado, posteriormente fueron
comprando mas parcelas de terreno a los dueños de las propiedades vecinas, y
así juntando dinero, uniendo esfuerzos, Margarita y Cipriano llegaron a hacer
realidad la actual casa de la familia, con la tienda que da a la plaza y las
chacras ubicadas a la espalda de la casa, mandaron levantar las paredes de la
sala, los cuartos y la cocina.
Al darnos cuenta, han pasado
más de cien años de aquella mañana del 16 de julio de 1895 en que Margarita
aceptaba como novio a Cipriano, han transcurrido muchísimos calendarios desde
esa tarde del 27 de noviembre de 1897 en que ambos se juraron amor eterno y
formaron esta hermosa familia y empezaron a dar vida a esta historia que aún no
conoce ni conocerá el punto final. Y no conocerá el final
porque los 11 hijos de Cipriano y Margarita también tuvieron muchos hijos, en
total 25 nietos y ya de los bisnietos y tataranietos es muy difícil dar una
cifra exacta pero es presumible que sean muchísimos y son justamente ellos
quienes ahora tienen la importante misión de seguir escribiendo las páginas de
la historia de la familia, de seguir conservando estas lindas costumbres y de
seguir inculcando en sus hijos estas tradiciones que deben morir solo junto a
la existencia humana.
Esta es la historia de
la familia López Yllanes, de Cipriano y Margarita, de sus hijos, del porque la devoción y fe a la Virgen del
Carmen, de cómo llega el árbol de magnolia a la casa de Paca. Esta es la breve
historia de 5 diferentes generaciones unidas por un lazo familiar muy fuerte
que más allá de los diferentes apellidos que llevamos, por encima de todo en
algunas de nuestras venas discurre siquiera unas cuantas gotas de la misma
sangre.
Ahora solo queda
recordar a Margarita y Cipriano de la mejor manera que se pueda y agradecerles
infinitamente por toda esta rica herencia que nos han dejado, ellos fundaron e
iniciaron la devoción y la fiesta a la Virgen del Carmen para que por lo menos
una vez al año toda la familia se junte o haga lo posible por hacerlo y así los
nuevos integrantes se conozcan y cuando pasen las generaciones la familia
siempre se mantenga unida. Eso hasta le fecha se viene cumpliendo para la
alegría de ellos, quienes desde lo alto del cielo, estoy completamente seguro
que se sienten muy felices de ver que su familia mantiene viva esta hermosa
tradición.
Que si queda mucho por
recordar y contar definitivamente que sí, pero quienes tuvieron la dicha de
conocerlos recuerden a mama Maca y papa Chipi tomando el sol juntos viendo a
algunos de sus nietos correr por el patio de la casa y disfrutando de aquel
riquísimo olor a madreselva, fragancia que se acentuaba al caer la tarde y
ocultarse el sol, recuerden a Margarita con su inmensa fortaleza, coraje y su
inacabable amor por sus hijos, recuerden a Cipriano con su vasta dedicación a
las plantas y su interminable lucha por defender los derechos de la gente más
humilde. Recuérdenlos a ambos con cariño y nostalgia, con sonrisas y suspiros,
pero por sobre todo tómenlos como un claro ejemplo de amor, respeto y fidelidad
que fue lo que se profesaron hasta el último día de sus vidas.
Y aquellos que no
tuvimos la suerte de conocerlos es obvio que en nuestras mentes será imposible
hallarlos, pero si los podemos encontrar en cada estrella que en el cielo se
aparece, en cada eucalipto que florece, en cada zorzal que con su canto nos
estremece, los podemos ver en cada magnolia que al picaflor se ofrece, en esas
hojas quietas que el viento no las mece, cuando la lluvia cae triste y luego desaparece,
cuando amanece y anochece.
Hoy las viejas paredes,
puertas, ventanas, el piso empedrado del patio de la casa de Paca encierran
entre sí, parte de la historia de la familia López Yllanes, hoy la antigua
bicharra y las verdes hojas del árbol de magnolia van encerrando algunas
lágrimas prisioneras que se escapan presurosas por los ojos, van escarbando,
arañando recuerdos y fabricando cicatrices en el alma.
Pero ahí está todavía algo inerte, esperando quizás en
vano volver a ser habitada y deseosa de ver a mucha gente caminar, correr,
escuchar las sonoras carcajadas de aquellos que fueron niños, que llegaron a
ser viejos y que incluso ya no están más con nosotros. Ahí está con algunos
toques de modernidad y comodidad, recibiendo cada julio de cada año a sus
hijos, nietos y bisnietos y ahí nos esperará siempre con su eterna soledad, con
su muda nostalgia nuestra querida madre la Virgen del Carmen, nuestra vieja
casa de Paca…y su árbol de magnolia.

Como jaujino, felicito tu iniciativa, nosotros los jaujinos creo que nacemos con un lapicero ebtre los dedos, listos para escribir nuestras historias eso es natural en un jaujino. felicidades amigo, y te invito a ver mi blog, al igual que tu escribo mis anecdotas y algunos cuentos que me salen del alma. mi blog se titula LA TINTA DE MI MEMORIA.
ResponderEliminarSUERTE Y SALUDOS.
Toño no queda mas que felicitarte y doble ya que encontré una semblanza a este relato nada mas que en las publicaciones de la PUCP, Felicitaciones
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